Mi inclinación por lo escultórico proviene quizá de un sesgo ideológico, de mi interés por experimentar la ingeniería social de la vida cotidiana. Sabemos que la cultura es un proceso continuo, cambiante, y su consistencia se origina básicamente en las experiencias más comunes de cualquier persona. En ese sentido, las rutas que sigo para el desarrollo de mi trabajo son las articulaciones sociales, económicas y políticas de esa ingeniería.
Los objetos que encuentro son el remanente de un fluido cultural complejo, vaporoso e incontenible; se convierten en cierto tipo de protocolo, son una rebaba o salpicadura que se origina en un aspecto particular de la vida diaria. Los objetos son un constructo de un espacio sociocultural concreto, y por lo tanto, una vía de aproximación a esa realidad.
Un evento escultórico es una colisión de dichas aproximaciones, una intersección que provoca un torcimiento de la realidad; intento verlo como un ejercicio político que incide en mi experiencia y en el estado final que alcanza una obra.
Si esa colisión (ensamblaje) es una aproximación a ciertas experiencias sociales, por ende se distanciará de muchas otras. La relatividad cultural me hace imposible pensar en una obra que sea intrínseca a todo el mundo.
Respecto a mi trabajo, los materiales que utilizo pueden encontrarse en la mayoría de las capitales de países occidentales. Un abrigo usado de Tepito, en la Ciudad de México es muy similar a uno encontrado en un mercado de Treptow, en Berlín. La peculiaridad podría hallarse en la experiencia social que da origen a la obra, no en los objetos. Cuando exhibo una escultura en un entorno diferente, los puntos de partida siguen siendo los mismos, no obstante, si se trata de una pieza afortunada, puede resonar con gracia en la experiencia cultural de otros individuos.
My leaning for the sculpturing maybe comes from an ideological slant, from my interest for the social engineering on daily life experimentation. We know that culture is a continuous, changeable process, and its consistency is originated from personal common experiences. In that sense, the pathways that I follow to carry out my work are the social, financial and politic articulations of that engineering. The objects I find are the remnants of a complex cultural fluid, steamy and irrepressible; they became into a kind of protocol, they are a shaving originated in a daily life’s particular aspect. The objects are a construct of a specific socio cultural space, therefore, an approximation pathway to that reality. A sculptural event is a collision of those approximations, an intersection which prompts it to twist the reality; I try to see it like a politic exercise that falls into my experience and the final state caught by the work of art. If that collision (assembly) is a social experience approximation, it will get far from many others. The cultural relativity makes impossible to think about another work which to be intrinsic around the world. Whit regard to my work, the material that I utilize could be found in the majority of occidental capitals. A worn Tepito’s coat, in Mexico City is very similar to one found in Treptow’s market, in Berlin. The peculiarity could be located at the social experience that origins the work of art, not at the objects. When I exhibit a sculpture into a different environment, the starting point still being the same, nevertheless, if it is a lucky piece, it could resound gracefully in the other people cultural experience.